El bando republicano tenía papel pero no tabaco que fumar. El bando fascista tenía tabaco pero no papel con que fumar. Ambos bandos atesoraban unas ganas terribles de fumar. Así que provistos de banderitas blancas, orientados por el más común de los sentidos e instigados por la prolongada abstinencia, se encontraban periódicamente los más empedernidos de ambos bandos e intercambiaban, además de papel por tabaco, noticias de familiares que habían quedado separados por aquella absurdidad. Unos y otros lograban mitigar así sus ansias a base de nicotina y nuevas de los suyos.Ajenos a las consignas del alto mando, desconocedores de la planificación básica de combate, ignorantes de la geoestrategia y el posicionamiento de los bandos y ni remotamente conscientes del frágil equilibrio bélico internacional, aquellos tipos resolvían lo que realmente les incumbía, y lo hacían como hombres, como personas.El hecho es en sí extraordinario: en mitad de la sinrazón absoluta, de la estupidez máxima que...
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